Sin amor sin habla

Roberto Uriel

Por: Roberto Uriel,
el Viernes 13 de Abril 2018

Han llegado a la cartelera comercial dos películas con propuestas por demás interesantes. Y es que en ambas cintas que voy a comentar sus personajes están privados de aspectos que podrían considerarse primordiales en los seres humanos: el habla y el sentirse amados. Además, ambas cintas aluden a la base del cine que es la fotografía para contar una historia, la imagen al servicio de la narración.

Comencemos con “Loveless” o “Sin amor”, en español, cinta dramática del director ruso Andrey Zvyagintsev, quien a través de este trabajo propone una minuciosa revisión a la situación política y social de su país, desde el núcleo más básico que es la familia.

Nos involucra así en la vida de una pareja que está en trámites de divorcio y vende el departamento donde vivían con su hijo de 12 años, Alexey.

Tanto ella como él ya tienen una nueva pareja y su interés está enfocado hacia allá, y quien resulta afectado, obviamente, en todo esto es el niño.

De hecho podemos darnos cuenta que es un hijo que no fue deseado, y eso él logra verlo en cada una de las situaciones que se presentan. Por ello, un día después de la escuela decide tomar un camino diferente al que lo lleva a casa. Y desaparece.

Se da parte a las autoridades y comienza su búsqueda, un proceso que revelará detalles de las relaciones interpersonales que existen entre los personajes, en las que queda de relieve la situación política y social de la Rusia actual, bajo cierta mirada crítica por parte del director.

La fotografía de Mikhail Krichman es un total acierto. Cada plano está calculado de forma exacta para contribuir a la narración de la historia, y eso es el cine. La fotografía al servicio de una historia.

Los cuadros que se presentan muestran el panorama invernal de los escenarios en que fue rodada la cinta, como un fiel reflejo de lo que experimentan sus personajes, fríos y con cierto vacío interior.

El guión fue elaborado por el propio Zvyagintsev en colaboración con Oleg Negin, y aborda con acierto temas hasta cierto punto delicados, como el aborto, la paternidad y la maternidad.

Película recomendada para cinéfilos acostumbrados a diseminar a conciencia una película, con paciencia. Cabe destacar que ha sido muy bien valorada por la critica, y se llevó el Gran Premio del Jurado en Cannes.

Fue nominada a mejor película extranjera en la reciente entrega del Óscar. Me resulta, pues, muy superior a “Una mujer brillante” (la ganadora) y compite muy de frente con “The Square”, aunque su lenguaje cinematográfico es totalmente diferente.

Por otra parte, un estreno que verdaderamente resulta muy grato estos días es “Un lugar en silencio”, largometraje de ciencia ficción y terror del actor y director estadounidense John Krasinski, protagonista de la historia junto a su esposa Emily Blunt, y autor también del guión en colaboración con Scott Beck y Bryan Woods.

Y digo que resulta muy grato porque pocas veces un cine creado estrictamente para el entretenimiento presenta una propuesta tan interesante como la que resulta de “Un lugar en silencio”.

En primer lugar porque esta película consigue narrar, pero sobre todo, adentrar al espectador en una historia a base de imagen pura. Sólo en contadas ocasiones se escuchan las voces de los actores, es decir, en casi la totalidad de la película se utiliza el lenguaje de señas y los dotes histriónicos de los actores para transmitir sentimientos, emociones, ideas.

Significa toda un verdadera propuesta fresca en el cine de terror y ciencia ficción, pese a algunas lagunas que presenta en su argumento.

Veamos. Se trata de una familia, dos adultos y tres menores de edad, además de otro bebé que viene en camino. Ellos son sobrevivientes a (quiero pensar, porque no lo dice claramente) una extinción masiva a causa de ciertas criaturas que no sabemos de dónde vienen, y que según descubrimos detectan a los humanos por medio del ruido, para así atacarlos y exterminarlos. Cabe destacar que esto último se explica por medio del ya conocido y muy usado recurso de presentar recortes de periódicos.

Pero todo esto pasa a segundo término pues la historia, su desarrollo y sus personajes logran involucrarnos en este mundo apocalíptico que resulta una grata experiencia en la oscuridad de la sala de cine.

Y es sorprendente la empatía que los personajes y la historia despiertan en el espectador, y eso hace que la película funcione de forma sorprendente.

El trabajo de dirección por parte de Krasinski es tal que logra jugar con nuestros sentimientos una y otra vez, con nuestra tranquilidad y nuestras emociones. Un ejemplo de ello, y tratando de no sonar a spoiler, es la escena del clavo en la escalera.

Destaca en especial el trabajo de Emily Blunt, nadie como ella para sacar adelante la secuencia cumbre del filme ella sola, sin decir una sola palabra e, incluso, sin poder gritar.

También es muy valiosa la introducción o prólogo del filme, los primeros minutos, se podría decir que es un cortometraje dentro de la película, donde vemos desaparecer a uno de los integrantes de esta familia. Bastante bien logrado, y sienta las bases para el desarrollo de todo el argumento.

El hecho de que más del 95 por ciento de la película esté narrada sólo a través de imágenes representa todo un logro, que posiciona a Krasinski como un director a seguir. Y eso es el verdadero cine, lo repito, la imagen al servicio de una historia.

Cinta recomendada ampliamente para los amantes de género, y también para los que no gustan tanto de este tipo de películas, vayan a verla, de verdad les gustará.

Espero sus comentarios en @Roberto_INFO7 y www.facebook.com/RobUriel.


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