Tan ilegal como inmoral

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el Viernes 06 de Octubre 2017

Vaya, vaya: finalmente, el rey desnudo terminó por exhibir sus miserias. Con su insaciable apetito, su voracidad política, su egolatría y su falta de oficio político, el gobernador Jaime Rodríguez Calderón se dedicará, sin dejar el cargo, a recabar las firmas ciudadanas necesarias para brincar como chapulín y tratar de ser candidato independiente a la presidencia del país.

No hay que darle tantas vueltas. El proceder de El Bronco es tan ilegal como inmoral. Ambas condiciones caracterizan a su doble cacucha como gobernador y como aspirante a la presidencia. Y para su desgracia ni cumple con la primera, que es su obligación, ni logrará cabalmente la otra, que es su obsesión.

Es ilegal porque cuando asumió el cargo juró servir a Nuevo León con su investidura y ésta lo compromete las 24 horas del día. Así pues, dedicarse a recolectar las rúbricas implica abandono de sus funciones y algo igual de grave: desvío de recursos. ¿Por qué? Por dos cosas. Una, porque el tiempo (por decir sólo lo menos) no es de él, le pertenece a los gobernados y bastante bien le pagamos para que se dedique por completo a esta tarea. Y dos, porque los recursos que usa (por decir lo más), como autos, escoltas y la red que utiliza, como datos personales y padrones, no le pertenecen a él. Además, que se sepa, los gobernantes sólo pueden hacer aquello que les está expresamente permitido... y en ninguna parte de sus atribuciones legales marcadas en la Constitución Política se señala que puede andar pidiendo firmas sin haber dejado el cargo.

Y es inmoral porque cuando llegó al cargo se comprometió a ser un político diferente, que no caería en los mismos vicios del PRI, partido que lo parió y del que el vivió a sus costillas por largos 33 años en los que saltó comodinamente como en el trapecio del circo: de un puesto a otro. Sus promesas incumplidas, sus mentiras y su falta de compromiso para sacar adelante la salud, la educación, el empleo, la seguridad, la infraestructura y atacar la corrupción son el sello inconfundible de su casa.

Jaime es cínico y comodino: dedicarse a recolectar firmas sin dejar el cargo lo exhibe como oportunista. No quiere pedir licencia porque sabe que hacerlo lo pone en desventaja. Y él, como político que fue parido por el PRI, hace lo que le viene en gana, es tozudo, soberbio y no entiende razones.

¿Para qué quiere firmas? ¿Qué acaso no son suficientes los resultados de las encuestas que los medios de comunicación levantaron al cumplirse dos años de su gobierno y en las que los ciudadanos lo reprobaron tachándolo de corrupto, ineficiente, mentiroso, inestable, oportunista y demagogo? ¿Quiere más calificativos?  La ciudadanía condena su chapulineo y que abandone su trabajo. Sí quiere que se vaya, pero que ya no regrese.

Doble contra sencillo: Jaime no llegará a ningún lado. Lo que sí hará, como aspirante "independiente", es ayudar a fraccionar y a polarizar el voto del electorado para impedir que Andrés Manuel López Obrador llegue al poder. El Bronco terminará trabajando para su Alma Mater, el PRI, del que volverá a ser palero. Esa será su hoja de servicios, por la que luego cobrará jugosos honorarios. Así es su ADN tricolor, del que no puede ni se quiere desprender. Al final, sucederá más o menos lo que en el cortísimo y viejo cuento: y cuando despertó, el dinosaurio ineficiente, corrupto y mentiroso aún seguía ahí.


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